Mientras Sofía sufría por las noticias que tenía de sus amigas y sin saber si se habían podido salvar, Emiliano soñaba despierto con el día que al fin pudiera llamar a su prometida esposa, sin embargo, cumpliendo con sus deberes, se encontraba en ese preciso momento tratando de seguir la corriente de la conversación que se suscitaba en torno a su presencia, acompañado por el padre de Sofía, un buen amigo suyo el señor Saint, y por un conde de la vieja escuela no prestaba atención al cotilleo de sus invitados. ―¿Vos que opináis de lo sucedido, Emiliano? ―pregunto el señor Saint. ―Discúlpame, no escuche de que hablan ―contesto apenado. ―Siempre he dicho que un hombre enamorado da pena, pero si quieres un consejo muchacho, no dejes que ese amor te ciegue, las mujeres necesitan que se les d

