"Papá..." gemí, renunciando a la idea de un polvo suave y penetrante. Empecé a mover mi coño arriba y abajo de su polla con más frenesí. Dios mío, me vengaría de esto, pero con mis caderas moviéndose y su boca succionando con urgencia uno de mis pezones, me remató tomando el otro pezón y haciéndolo rodar entre sus dedos. Eran mi maldito punto de quiebre y él lo sabía. "¡Joder! ¡Papá!", grité, y me corrí, embistiendo contra su polla. Apenas me di cuenta de que gemía mientras mi coño palpitaba alrededor de su polla. Pasé un par de minutos así, apartándome de su pecho con los brazos temblorosos mientras intentaba recuperar el aliento. Sentía el sudor goteando de mi frente sobre él. El candado de mis cadenas descansaba sobre su pecho. Cuando por fin recuperé la compostura, me incorporé, con

