Sus ojos se abrieron de par en par por un segundo, luego sonrió con suficiencia, asintió levemente y dio un respingo con el cigarrillo. Era su forma de decir que estábamos a mano y que sabía que la ocurrencia de la escuela dominical era un golpe bajo. "Cuando la vi en la cocina, Ben... ¡Dios mío! De verdad pensé que te habías vuelto loco. Te creo cuando dices que tiene 19 años, pero sabes que no los aparenta. Me enfadé muchísimo porque la habías cagado así. De verdad pensé que este sería nuestro punto de quiebre", dijo. Estaba disgustada. Sabía que lo estaría cuando descubriera que salía con alguien, pero esta fue una forma horrible de enterarse. Di la vuelta al coche y la abracé. Lo aceptó, al principio a regañadientes, pero luego se adaptó. Solo los mejores amigos podían hacerte enfada

