Manuela Federico Rivera se pudrirá en la cárcel, pero eso no es suficiente para remediar todo el dolor que ha causado. Tras la sentencia volvieron a ponerle las esposas, se veía tranquilo, no dejaba mostrar su miedo. Cuando pasa junto a mí se detiene, la prensa estaba con sus micrófonos aglomerados, tratando de sacarle algunas palabras. Me mira con frialdad. —Espero que goces de la vida que dices merecer, ojalá puedas dormir teniendo en tu conciencia la muerte de mi hijo, la locura de mi esposa y la condena de este anciano que solo te dio protección por diez años. Goza la fortuna que mereces, has lo que creas mejor con ella. Tú y esa bastarda lo único que siempre quisieron fue la vida fácil. Yo hice crecer el patrimonio Rivera, yo merecía cada centavo de mi padre. Disfruta la vida de cue

