Manuela Cuando llegué a mi casa nueva, me doy con la grata sorpresa de encontrar ahí a mi familia. Con tantas cosas que decir, ya no regresé al hospital. Las horas se fueron volando y a pesar de la mala experiencia, siento que la vida me sonríe. Lo pasado está enterrado y nada puede destruir la felicidad más grande que en estos momentos abarcaba mi corazón. La noche paso rápidamente y sin darme cuenta ya pasan de las diez de la noche. Todos debemos descansar, a pesar de lo difícil que es separarse de los brazos de mi madre y de la compañía de papá y mi hermano, era hora de cerrar los ojos sin el temor de no volver a verlos jamás. Recuerdo aquellos días tras su desaparición, las terribles noches de insomnio que acompañaron mis primeros años, las noches tristes que pasé pegada a la ventana

