VIIIAlice Dane y Stefano Zamagni estaban absortos en la paz que reinaba en San Lazzaro di Savena, casi irreal con respecto a la capital Emiliana. –Todavía debo conocer al comandante de los carabinieri –dijo Stefano Zamagni – ¿Querrías ir a verlo conmigo? – ¿Por qué no? –respondió Alice Dane con un aire de curiosidad. –Entonces, podemos ir ahora, ¿te parece? –Sí –respondió ella. Así que salieron del piso del policía y caminaron por vía Roma, poco después entraron en vía Jussi. A la derecha vieron el edificio de comandancia de los carabinieri. Tocaron al timbre y la puerta se abrió. A ambos les pareció que entraban por primera vez en una prisión en la que no debían trabajar. Detrás del único escritorio presente en la oficina estaba sentado un hombre en cuyo uniforme había algunas insi

