XIVMarco Finocchi llegó a casa, aparcó el coche lo mejor que pudo y subió a casa. Ahora debería enfrentarse con Betta con una excusa plausible por la luz del coche que había roto en el accidente de aquella mañana. – ¡Hola Betta! –dijo el agente entrando y armándose de valor pensando ya en la mejor excusa que se le podía venir en mente. Él se esperaba una respuesta que, sin embargo, llegó sólo después de unos minutos. Incluso había comenzado a pensar que Betta había salido y entonces si que hubiera estado metido en un buen lío porque Elisabetta al entrar habría podido ver de cerca la que Marco había montando aquella mañana. – ¿Marco? –dijo ella, en respuesta. – ¿Betta? ¿Así que estás en casa? –Sí, Marco. Ven aquí enseguida. Necesito hablarte urgentemente –dijo Elisabetta. Vio a Elisa

