Capítulo 6

1134 Palabras
Chloe’s POV Me temblaban las piernas mientras caminaba por el pasillo de siempre, con las luces tenues proyectando largas sombras sobre la alfombra. El corazón me retumbaba en la garganta a cada paso que me acercaba a la puerta. Cuando toqué suavemente, la puerta se abrió casi de inmediato. Drake estaba ahí parado; su pecho ancho subía y bajaba, y sus ojos me devoraban con un fuego que derritió hasta la última gota de resistencia que me quedaba. Ninguno de los dos dijo nada. Me agarró por la cintura y me jaló hacia adentro, cerrando la puerta de un portazo detrás de nosotros. Sus labios se estrellaron contra los míos, salvajes y desesperados, como los de un hombre hambriento. Gemí en su boca mientras mis manos le arañaban la camisa, jalándolo, necesitándolo más cerca. Se la arrancó de un tirón seco, marcando los músculos mientras me acorralaba contra la pared. Su boca devoró la mía, con una lengua profunda y exigente que me robaba hasta el último aliento. —¿Tienes idea de lo loco que me traes? —gruñó contra mis labios, con una voz grave, rasposa, casi animal—. Eres la ex de mi hijo, por el amor de Dios. Debería darme asco conmigo mismo por esto. —Pues odiate mañana —dije sofocada, clavándole las uñas en la piel—. Hoy solo tómame. Eso lo terminó de romper. Un sonido gutural le brotó de la garganta mientras me levantaba como si no pesara nada, y yo le rodeé la cintura con las piernas. Su erección me presionaba a través del pantalón, gruesa y firme. Gemí más fuerte, moviendo la cadera contra él por puro instinto. —Dilo —exigió, rozando mi boca con la suya, con los ojos ardiéndole de hambre—. Di que me deseas. —Te deseo —grité casi sin aliento—. Solo te quiero a ti. Apretó la mandíbula como si esas palabras le hubieran arrancado el último hilo de cordura que le quedaba. Me llevó hasta la cama y me dejó caer como si fuera una pluma, dejando caer todo su cuerpo sobre el mío. Mi vestido desapareció de un movimiento rápido y despiadado. Quedé completamente desnuda bajo su cuerpo, temblando, con la piel ardiéndome. Su mirada me recorrió el cuerpo con avidez, como si cada centímetro ya le perteneciera. —Mierda, eres perfecta —gruñó, rezumando lujuria antes de sepultar la cara entre mis muslos. El primer roce de su lengua en mi clítoris me hizo gritar. Arqueé la espalda en la cama mientras me enredaba las manos en su pelo. Me lamió a placer, sin darme tregua, mientras sus gemidos me retumbaban en la piel sensible. Me froté contra su boca sin pudor, entregada a la sensación, mientras el sonido húmedo de cómo me comía llenaba la habitación. Me vine rápido, temblando, jadeando su nombre. Pero él no había terminado. Me abrió más las piernas y me obligó a sentarme en su cara, sujetándome firme con sus brazos fuertes. Su boca me devoraba, chupando, lamiendo, dándose un banquete como si mi v****a fuera su única obsesión. La vista se me nubló y vi estrellitas detrás de los ojos. El placer creció hasta que volví a estallar en pedazos, una y otra vez. Me llevó al límite, arrancándome un orgasmo tras otro hasta dejarme gritando, temblando y completamente deshecha. Seis veces me deshice en su boca y aun así no paraba, como si necesitara saborear hasta la última gota de mí. Para cuando al fin se apartó, sus labios y su barbilla brillaban con mis jugos, y sus ojos estaban desorbitados de pura hambre. Se puso de pie y se bajó el pantalón de un jalón; su v***a gruesa quedó libre, dura y palpitante. Agrandé los ojos y la v****a se me apretó del puro deseo. —Querías que tu papi te follara la otra noche —gruñó, sobándose despacio, provocándome con la vista—. Ahora te aguantas. Me abrió las piernas de par en par y se dejó ir con fuerza, llenándome de una sola estocada profunda. Solté un grito y me agarré de las sábanas mientras me estiraba a más no poder. —Mierda, estás apretadísima —quejó con la voz rasposa de placer. Empujó más profundo, más duro, enterrándose hasta el fondo—. Esta v****a nació para ser mía. —¡Drake! —grité, rodeándolo con las piernas para meterlo más profundo. Me embestía sin piedad, cada estocada más dura, más rápida, llevándome otra vez al borde del abismo. Mis uñas le rayaron la espalda, dejándole marcas rojas mientras mis gritos llenaban el cuarto. —Ahora eres mía —me gruñó al oído, con un aliento caliente y agitado—. No de Jack. Nunca más. Solo mía. —¡Sí! ¡Solo tuya! —gemí, arqueándome debajo de él. El calor subió rápido, insoportable, hasta que los dos reventamos. El cuerpo me temblaba violentamente; mi orgasmo me atravesó como fuego mientras él rugía mi nombre, rellenándome por completo. Cuando se dejó caer sobre mí, los dos jadeando y empapados en sudor, supe que ya era demasiado tarde para dar marcha atrás. Era suya. Completamente suya. Y en el silencio que vino después, mientras me apretaba más fuerte contra él y su respiración se calmaba, me di cuenta de algo aterrador. Esto no era solo deseo. Era una obsesión. Y lo iba a destruir todo. Su peso me hundía en el colchón, con su pecho pesado sobre el mío mientras me gruñía el nombre al oído. El cuerpo me temblaba por debajo, todavía palpitando alrededor de su v***a, ordeñándole hasta la última gota que me daba. Pensé que se saldría. Pensé que ya había terminado. Pero Drake no se movió. En vez de eso, me besó el cuello, despacio y tosco, con su v***a todavía enterrada dentro de mí, latiendo. —Mierda... ¿crees que ya terminé contigo? —me susurró al oído con tono oscuro. Se me cortó el aliento y le clavé las uñas en la espalda. —Drake, yo... yo... —Te vas a comer todo lo que te dé —me interrumpió, volviendo a mover la cadera, haciéndome gemir mientras se mantenía como una piedra dentro de mí—. Esta vagina... esta vaginita insaciable todavía no ha tenido suficiente. Lo puedo sentir. Gemí y me temblaron las piernas cuando empezó a moverse otra vez, más profundo esta vez, más despacio, rozándome por dentro como si quisiera marcarme de por vida. Se me fueron los ojos para atrás. —Dios... Drake... —sollocé. —Eso es —gruñó, rozándome la oreja con los dientes—. Diles mi nombre. El de Jack no. Nunca más el de Jack. Solo el mío. —Tuyo —dije casi sin aire—. Solo tuyo.
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