—Viajamos en tres días —dijo Jared con su tono serio, implacable—. Y te voy a dejar algo en claro. —La tomó por la cintura, acercándola de golpe—. Yo decido cuándo follarte. Tú no eres nadie para decirme cuándo tengo que hacerlo. Y sin más, la soltó y salió de la habitación, cerrando la puerta de un portazo que hizo vibrar las paredes. —¡AGH! ¡Está loco! —Yia se contuvo con todas sus fuerzas de gritarle, mordiéndose el labio. Sus ojos volvieron al boleto en su mano, aún tratando de entender qué significaba. Entonces recordó, como un flash: hacía un par de meses, había escuchado a Jared hablando con Yerim, su secretaria, diciéndole que reagendara sus citas porque haría un viaje importante... —¿Pero por qué quiere que yo vaya...? —murmuró mientras revisaba la fecha—. Genial. Pasaré mi cu

