—Luz María, la he tratado de buscar, pero aún no la encuentro, es como si hubiera desaparecido. Sin darse cuenta, ya habían llegado a la casa, realmente Yia se sentía bien al haber podido contarle a alguien parte de su historia y de su madre. —Yia, si tú quieres, puedo ser tu primo, claro, no lo seré de sangre, pero sí... —no le dio tiempo a terminar cuando la Omega lo había abrazado, tomándola por sorpresa. —No me importa la sangre, para mí la familia es la persona que lo gana, gracias, David —el Beta la rodeó de igual forma. Unos sollozos de parte de Yia llegaron a los oídos de David, y la separó un poco para mirarla. —¿Estás llorando? —buscó el rostro de la Omega, pero esta desvió su rostro para que no la viera. —Perdón, soy sensible con estas cosas —sonrió limpiando su rostro—. G

