—Él no bajará, tienes mi palabra, y programé las cámaras para que se enciendan dentro de 1 hora. Y volvió a besarla, lentamente, cuando Helena se dio cuenta, estaba sin su blusa y las medias de nylon que llevaba debajo de la falda habían sido quitadas junto con las braguitas. Él tenía libre acceso a su cuerpo y lo aprovechó muy bien. A pesar del frío, Helena estaba bien con el calor provocado por la fogata. Y las caricias de su marido la hacían sentirse caliente también. —Pequeña, sabes que nunca te haría daño, ¿no es así? —Lo sé, ¿por qué? —Voy a hacer algo, Helena; si te resulta demasiado incómodo o no quieres, solo dímelo y pararé. La última palabra en estos momentos es tuya. —Estefano... Él le sonrió, esos momentos de sonrisas abiertas y espontáneas eran raros, por eso ella no p

