Cuando Estefano volvió ya era madrugada, después de tomar un baño en el baño de su despacho subió las escaleras y se aseguró de que Rudá estuviera en su lugar. Se abrazó a Helena para dormir, no la despertó, porque ella, a pesar de estar bien aún estaba en lo que su tribu llamaba resguardo. No quería que se cansara y perdiera el sueño. Así que olvidó su deseo y se concentró en dormir. Al amanecer se levantó y fue a la cocina a buscar su café. Rudá bajaba las escaleras en bermudas, no usaba camisa ni sandalias, definitivamente al niño no le gustaba la ropa. —Buenos días, tío. Era la primera vez que lo llamaba así, y a Estefano le gustó eso, el chico no había tenido una buena experiencia con su verdadera familia. El padre lo había abandonado por sus rasgos indígenas y el hermano no lo q

