De madrugada, Henrique se despertó sudoroso y dolorido de deseo reprimido. Nina dormía en sus brazos ajena a sus sentimientos, si la pequeñita al menos imaginara los pensamientos que poblaban su cabeza, huiría de él. Decidió que no lucharía contra el amor y el deseo que lo dominaban, la amaba más que a nada en la vida. Pero la deseaba de igual manera y ahora que Nina estaba bajando la guardia, realizaría las fantasías que tenía con ella. Solo necesitaba ir con calma para que la chica no se asustara y no lo considerara un pervertido. Pero le encantaría complacerla en la cama y enseñarle a complacerlo de vuelta, pasaría su tiempo con ella bajo las sábanas. No pudo dormir más, vio el sol aparecer a través de los vidrios de la ventana, a las 6:00 de la mañana se levantó y fue a preparar un de

