Xavier tuvo que salir temprano. Una hora después de que él se fue, Ella se levantó y fue a la cocina. El día estaba caliente y soleado, y su deseo era hacer un pan casero relleno para él. Estaba segura de que a Xavier le gustaría. Cuando se estaba preparando para comenzar a mezclar los ingredientes, escuchó la puerta principal abrirse. Fue a la sala y, al mirar hacia la puerta, se le heló la sangre. Sabía que tenía que correr, pero sus piernas se negaron a obedecer. Allí, frente a ella, estaban todos sus miedos materializados: Santiago Xavier, su suegro, y Otávio, su hermano. Para su desesperación, ni siquiera Estefano estaba en casa para protegerla. —¿No nos vas a invitar a sentarnos, Ella? —dijo Otávio, con una sonrisa burlona—. Te extrañé, mi querida hermanita. —Xavier está llegando —

