Marco la colocó en el asiento y abrochó el cinturón. Laura estaba dolida, pero al menos había escuchado la verdad. —¿Vas a mantenerlos vivos, no? —Sí, mi amor, por ti, te lo prometo. ¿Podemos dormir en el hotel? Esta tarde y en los últimos días he pasado mucho tiempo conduciendo. —Podemos, tengo hambre. Marco agradeció por eso, su niña era fuerte, la verdad no la haría sucumbir. —¿Quieres comida japonesa? Laura asintió. Pararon en un gran hotel, después de registrarse subieron a la habitación. Todavía había una pequeña maleta en el coche que Marco trajo con él. —Voy a tomar un baño. —Usa el vestido que compramos juntos. —¿No vamos a comer aquí? —No, te estoy invitando a cenar, por primera vez. A Laura le gustó eso. Marco no intentó entrar al baño con ella, porque sabía que ell

