El sombrero de terciopelo del mismo color, que antes ocultaba su cabello cubierto por una cofia negra, reposaba junto a ella. —Yo le temo a la fuerza que me hace sentir por ti lo que jamás había sentido antes. Una fuerza que me hace ser tan débil como poderoso al mismo tiempo, que me eleva y me hace sentir perdido a la vez. A eso le temo — confesó él, dejando que su voz ronca transmitiera el tumulto de emociones que se desbordaban en su interior. Ella alzó la cabeza y sus enormes ojos le vieron con pasmo y emoción. —Yo… es decir yo…, no lo sé —balbuceó tragando saliva, mientras sus miradas se enlazaban y parecían hablar por sí mismas. Nicolas se puso en pie y obviando el nerviosismo que se apoderó de la dama, se arrodilló frente a ella quedando sus cabezas a la misma altura, sus cuerpos ca

