Mary se detuvo con las manos en las caderas, pareciendo terriblemente alterada, y dejó salir el aire, bajando su cabeza. Así estuvo unos segundos, y luego se volvió a mirarlas. —Fue una falsa alarma, todo está bien, no hay intruso alguno — respondió, su rostro estaba pálido, aunque se veía más calmada. Sin embargo, sus ojos cafés las rehuía, concentrándose en todo, menos en ellas. —Pero, ¿y el estruendo y las corridas que escuchamos? —terció confundida Bria. —Eso era parte de un plan de lord Delacroix. Fueron tu esposo, Valery, y el duque, quienes provocaron el alboroto —explicó Mary con tono vacilante, y un gesto distraído en su cara. —Es decir que… casi morimos del susto ¿por nada? ¡Victor me oirá! — exclamó molesta Valery, dirigiéndose hacia la puerta, donde se detuvo en seco y giró hac

