Un mes más estaba corriendo y Alison y yo seguíamos recluidas en la casa de la playa de Agustín. Era genial, no lo podía negar, como unas vacaciones pagas. Mi día consistía en levantarme, tomar un gigante desayuno, pues mi apetito se había abierto de manera enloquecida, en el desayuno amaba los pancakes, aunque la pobre Alison apenas si toleraba verlos. Pasaba la mañana leyendo, luego tomaba un baño, el almuerzo, una siesta y luego iba a la piscina o al mar. El mejor momento de mi día era sin duda ir al mar, pues cada vez que bajaba hasta la playa, Cristobal me acompañaba, no de la manera que ustedes se imaginan. El simplemente caminaba unos pasos tras de mi. Pero su sola compañía, me hacía muy feliz. Me ayudaba a tener paz y tranquilidad. Gustavo por su parte, no dejaba ni un solo

