Para el preciso instante en el que Cristina entró, la loca de Carla ya me tenía las manos sobre el cuello, me estaba asfixiando y me había golpeado en la cabeza, había aguantado tanto como mis fuerzas me lo permitieron, pero ya en ese punto estaba botada en el suelo, intentando respirar, pues el golpe en la cabeza me había quitado muchas fuerzas. Todo lo que me temía se estaba haciendo realidad, antes de que me atacara me había confesado, que para ese justo momento una pandilla de malandros estaba atacando a Gustavo en el hospital que trabajaba como un famoso especialista en neurocirugía, pero en su mayoría su trabajo se dedicaba a personas que no podían cubrir sus operaciones. Se reía como loca y de un momento para otro saco de una de sus manos un tarro con un líquido transparente, tem

