La mirada de Karina no era una buena señal para Abel, y lo que menos quería en ese momento era entrar en discusión con su prometida, después de todo el haberse mudado los dos allí era para compartir en pareja un tiempo antes de casarse, pero al parecer las cosas se tornaban diferentes a lo que él había imaginado. —Y si eso es así, ¿por qué no me lo dijiste para que no me llevara un mal rato? Sabes que me perturba y lo pones frente a mí, algo no me cuadra aquí, Abel. Si lo escondí en el pasillo es por la misma razón y no me arrepiento de haberlo hecho, ojalá hubiera podido dejarlo otra vez en el ático —reprochó Karina con frustración y evidente molestia para apartarse de la cercanía de él y cruzarse de brazos. —¿Y todavía lo estás dudando? Ya te dije mi razón, ahora el hecho de que refund

