DOLOR

1690 Palabras
—Todo lo que me estás diciendo, ¿es cierto? —a la mañana siguiente, Asher llevaba a su sesión, las pruebas que le habían sido entregadas. —Si doctora, si lo es, en mis manos tengo la carta, anoche al llegar a mi apartamento, la leí, y no sabe, no aguante el llanto, esa chica, esa pobre chica, ella no merecía vivir eso, solo era una niña, y yo, yo soy igual que ellos, no hice nada por defenderla —No Asher, no eres un violador —Pero estuve a punto de hacerlo, si no hubiera estado tan drogado, la hubiera lastimado —O la hubieras defendido —Quiero morir, el mundo no necesita personas como yo —Si mueres ahora, no podrás hacer justicia, debes mantenerte vivo, por ella, ella necesita de ti, si tú haces la denuncia, esa noche se volverá a revivir, si es cierto, pero le harás justicia, dime, ¿no es eso, lo que tanto has deseado? —Tiene razón, ahora más que nunca, debo estar fuerte, si quiero que ellos paguen por todo el daño causado. Gracias por recibirme —Para eso me pagas —Bueno…… —Es broma, soy tu terapeuta, mi deber es ayudarte, no emitir juicios. Después de terminar su sesión, Asher se dirigió a su empresa, y al llegar al parqueadero, observo una peculiar escena. —Te dije que me sueltes. Entiéndelo, contigo, no quiero nada—Becca, estaba forcejeando con Dorian Pirs, un amigo de su hermano, que se había obsesionado con ella, y como en la noche anterior, ella lo rechazo, este, intentaba cobrarse tal ofensa. —No lo haré, vendrás conmigo, quieras o no —¡Déjala! —y al notar que ella estaba siendo atacada, Asher camino hacia ellos, y sin pensarlo dos veces, le propino un fuerte puñetazo. Quien le devolvió el golpe —Maldito infeliz, ¿Quién eres tú? —Soy su jefe, y yo seré quien haga las preguntas aquí, ¿Becca, estás bien? —Sí, señor, yo estoy bien. Me alegra tanto verlo —¿Segura que no te hizo nada? —Estoy bien gracias a usted. —¡Ey! No se olviden de mí —al sentirse ignorado y cegado por la ira, Dorian saco la navaja que llevaba en su bolsillo derecho, con la cual hirió a Asher, en su brazo izquierdo —¡Idiota! —a pesar de estar lastimado, él pudo golpearlo sin piedad alguna, tal fue la severidad de sus golpes, que el mismo Dorian, pidió clemencia—. Fuera, y si te vuelvo a ver cerca de ella, lo pagarás muy caro. Austin no tuvo más opción que largarse, pero él volvería, eso era seguro. —¡Por Dios! Está sangrando mucho. Vayamos al hospital —Tranquila, solo fue una simple, cortada, dime, ¿quién es él? —Es un amigo de mi hermano, desde hace mucho ha estado detrás de mí. Pero no es mi tipo, anoche salí a cenar con mi hermano, y cuando íbamos llegando a casa, él se me declaro, le dije una vez más, que no estaba interesada, parecer ser, que se contuvo porque estaba comprada. —Con la golpiza que le di, no volverá a molestarte más, por cierto, ¿qué haces aquí en el parqueadero? Es la hora del almuerzo —Baje, porque deje mi celular y supuse que lo había dejado en mi auto —Lo importante es que estés bien, subamos —¿Espere, no irá al hospital? —Ya te dije que estoy bien, no fue nada. —ambos entraron a la oficina—. Deje de mirarme así, vaya almuerce —No lo haré. Iré por el botiquín, que está en recursos humanos, y usted entre a su oficina, yo vendré a curarlo —ella fue por el botiquín de emergencia. —Se lo dije, es solo una cortada superficial —No importa, debo limpiarle la herida, no podemos correr el riesgo de que se infecte —¿Dígame, porque hace eso? —Simple, es mi jefe. Además, me defendió, debo devolverle el favor —Vaya, sí que es usted muy diligente, soy muy afortunado de… —y justo en el momento que Asher vio el cuello de Becca, hubo algo que lo descontrolo. —Perdone, ¿esa mancha? — ¡Oh!, ¿se refiere a esta? —ella tocó su cuelo—. La tengo desde que nací, creo que fue algún defecto, ¿Por qué me pregunta por ella? —Yo… —el titubeo estaba desconcertado, aquella mancha, que había visto en el cuello de Becca, era idéntica, a la de la chica de sus sueños. —¡Jefe! —Nada no es nada. Por favor déjeme solo, yo terminaré de limpiarme la herida —Pero… —Le ordeno que vaya a almorzar —Está bien —ella lo dejo solo. Aunque en el fondo, la manera en que le había hablado, le causaba dolor. —Tranquilo, no te hagas ideas tontas, Becca, no puede ser aquella chica, no, ella no es —se repitió así mismo una y otra vez. El intento tener sosiego, pero le fue imposible, pues una trágica noticia acabaría con él —. ¡No, no es cierto!, dígame que no es posible —su corazón se quebró cuál cristal. —Lo siento Asher, ella acaba de fallecer, estoy en el hospital, los médicos están haciendo el papeleo correspondiente, para entregarme su cuerpo —Voy para allá —Asher termino la llamada, sintiéndose totalmente devastado, aunque él no quisiera hacerlo, él tenía que irse a despedir de Salomé. —Señor, ¿Qué sucede? —Recibí una llamada de la señorita Wilson, me acaba de informar que Salomé, mi pequeña… ya no está en este mundo —¿Cómo es eso posible? —No lo sé, voy para el hospital —iré con usted —al llegar a habitación, y siendo espectadora de tan desgarradoras escenas, la duda volvió a ella nuevamente, sobre lo que debía sentir hacia Asher, quien gritaba, y golpeaba el piso. —Vamos, mi niña, despierta, tú no puedes irte —por más que moviera a Salomé, ella ya no despertaría—. No me abandones, no tú, eres lo único bueno que tengo ----Jefe, déjela, ella no abriría sus ojos —Esto no está pasando, esto es un mal sueño. Ella solo tiene ocho años, le gusta el chocolate, ama los perros, ella debe vivir —él se acostó en posición fetal, tratando de protegerse. —No está solo. No lo dejaré —ella se arrodilló, y trataba de arroparlo con su calidez. Verlo en tal estado, era amargo para ella, así que ella no resistió más y termino por abrazarlo—. De verdad lo lamento, no sé qué decirle —No me diga nada, solo le pido que se quede conmigo esta noche —¡¿Cómo dice?! —al oír tal proposición, el miedo la invadió, ¿Qué tal, si él, intentaba atacarla de nuevo? —Excúseme, de seguro mi proposición no es la más idónea —Bueno, me tomo desprevenida. Pero está bien, lo acompañaré, ¿A dónde le gustaría ir? —Vamos al parque, que queda cerca al orfanato, Salomé, amaba ese parque —el dejo encargada a la directora Wilson de todos los reparativos correspondientes, por más que quisiera resistir, la perdida era más fuerte que él—. Sabe señorita, cuando conocí a Salomé, no pensé que ella se convertiría en alguien tan especial para mí, pero a medida que la fui tratando, ella me enamoro, incluso quise adoptarla —estando fuera del hospital, Asher, se liberó. —¿Y por qué no lo hizo? —Ella no merecía un mejor padre, y no, una rata de mi tipo. Además, mi madre movió sus influencias para evitarlo, según ella el apellido Bailey Evans, debe ser llevado por alguien digno. ¡Maldición! En mi pasado, tampoco la puede proteger —¿Quién es ella? —cuestiono, esperando recibir una confesión. —La chica que no pude salvar. Y como si fuera poco, tampoco pude hacer nada por Salomé —Le dio amor, y eso es mucho —ella se quedó a su lado, hasta que llego la noche. —Gracias, por haberse quedado a mi lado, por este hecho, le daré una bonificación —¿Acaso cree, que todo se arregla así? No lo acompañe por dinero, usted necesitaba compañía. Sé que usted me dijo, que solo era su secretaria, pero yo quiero ser su amiga, por favor, déjeme serlo —No me pida eso. No manche su vida, podría lastimarla —Usted no lo hará. De eso estoy segura —Le agradezco que confié en mí, de verdad lo necesito en mi vida —¿Entonces, desde hoy, somos amigos? —Así es —en el momento que estrecharon sus manos, el corazón de ambos se agitó. —Bueno, es hora de regresar, acabo de recibir el mensaje de que todo ya está listo, hablaré con la directora, para que me otorgue el permiso de cremar su cuerpo, y que yo pueda conservar sus cenizas —ellos subieron al auto, mientras él conducía, la conversación continuaba. —¿Es lo adecuado? —Sí, necesito tenerla conmigo —No alcanzo a imaginarme lo que está experimentando, si yo perdiera a mi hija, me enloquecería —¿Es usted madre? —debido a que, en su entrevista, ella no había dado mayor información sobre su vida privada. Tal confesión resultó, sorpresiva—. Creí que era soltera —Y lo soy, solo que el donador de esperma, es un pedazo de mierda —¿Así que no se hizo cargo? —Nunca he necesitado nada él. En realidad, nos hizo un gran favor —Ya veo. Supongo, que la pequeña es hermosa, al igual que usted —Es algo que me dicen a menudo —tratando de provocar alguna reacción, Becca tomo su celular y le mostró una foto de Harika—. Mírela, ella es mi tesoro —Es una niña muy angelical. Espero que algún día me la presente —Por supuesto, cuando usted guste. Continuará.
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