CAPÍTULO 33 Melody Werner. —Ninfa —susurró él, afectado por el colosal orgasmo que nos movió las placas tectónicas como si de un terremoto se hubiese tratado. —Demonio —susurré de vuelta, sin aliento. Aún en los brazos de Malek me llevó a la cama donde reinó el silencio y apaciguó el sueño, los cuestionamientos vendrían más tarde, toqué la cama sintiéndome en una nube con el calor que emanaba el hombre que se aferraba a mi cuerpo envolviéndose a él. Disfruté de sentir los masculinos vellitos de su pecho en la espalda y su inmensidad en mi pequeñez. Mis ojos asombrados ven al hombre rendido a mi lado del cual fue una lucha haber salido de su agarre sin dar en credibilidad a lo sucedido. —¿Qué hice? —me pregunto, en un bajo cuchicheo de reclamo. Malek se mueve y me espanto, lo bueno es
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