Camila Salgo de la oficina de auditorías todavía sin poder creer lo que viví dentro. La forma en que José Luis se dirigió hacia mí, como si hubiera sido menos que una conocida a la que trato un par de veces, después de haber trabajado para él durante tantos años, la actitud sobradora con que me indicó que no había nada que hacer en mi situación, que ya había notificado “mis infracciones” a recursos humanos y sobre todo, la arrogancia en su voz cuando dijo que él siempre había sabido que yo terminaría mal, hicieron que todas mis esperanzas de conseguir una ayuda de su parte se vinieran a pique. Solo agradezco haber contenido las lágrimas y poder salir de ahí con la frente en alto. Sigo con mi plan, camino las tres cuadras que separan la oficina del estudio de abogados laboralistas que m

