Aron arquea sus cejas llegando a la oficina de su amigo. —cuñado— murmura ironico al verlo. Aron sonríe de costado con burla, mientras que se cruza de brazos. -Thomás, ¿vas a desatar una guerra o algo?- ya no lo pregunta divertido. Le preocupa gravemente cómo esta entrenando a los nuevos demonios y cómo están los ángeles aprendiendo cosas nuevas y algunos siendo severamente castigados. El morocho niega con la cabeza cuando su amigo se sienta frente a uno de sus cómodos sillones en su sucursal del infierno, parece muy concentrado en su macbook, mientras que ni siquiera le dirige la mirada a su amigo, pero si coloca una taza de café frente a él cuándo este ocupa el asiento disponible. Bonita cortesía. —en absoluto— responde de manera monótona. —dejame decirte que no parece otra cosa

