Clara Sánchez, tras una minuciosa revisión de los documentos financieros del Grupo García, detectó un patrón peculiar en las firmas atribuidas a Alejandro. Observó que en varios documentos, las firmas diferían sutilmente de las originales de Alejandro, pero se repetían consistentemente en ciertos periodos de tiempo. Intrigada, Clara decidió investigar más a fondo. Con la ayuda de un grafólogo y un equipo forense, Clara descubrió que las firmas falsas eran obra del asistente de Alejandro. El asistente, con acceso a información confidencial y documentos clave, había estado desviando fondos de la empresa para beneficio personal, todo mientras usaba la identidad de Alejandro para ocultar sus actividades ilícitas. El patrón de las firmas era una evidencia clara de que las acciones no eran obra

