ELIZABETH Desde que salí de New York, hace dos días, no he sabido nada de Charles; lo extraño tanto. Cuando lo conocí tenía miedo de enamorarme, porque no quería que me hicieran daño, pero él fue tan dulce, paciente y romántico, que se ganó mi corazón sin mucho esfuerzo. Charles le dio a mi vida una inyección de energía que me permitió ver todo desde otra perspectiva. Con él descubrí el amor, la lealtad y la seguridad que nunca nadie me había brindado. —¿Estás lista, cariño? —Sí, mamá. Dame cinco minutos y los alcanzo abajo. Me doy un último vistazo en el espejo enterizo de mi vieja habitación y me parece surrealista estar aquí. Todo está intacto, tal como lo dejé hace más de seis años. Siempre recordaba con nostalgia esta parte de de mi vida, porque, a pesar de todo, tengo lindo

