Orión —¿Todos bien? —pregunté, volviendo a mi forma humana. —Estoy bien, —respondió Lucas, revisando sus brazos y piernas en busca de heridas. Robert asintió, aunque su expresión era sombría. —Pero esto no ha terminado. Ellos volverán, y la próxima vez podrían ser más cuidadosos con su velocidad. Mis músculos aún vibraban por la adrenalina de la pelea mientras me acercaba al auto destrozado, el aire frío de la noche rozando mi piel húmeda por el esfuerzo reciente. Las luces del auto, que aun funcionaban, parpadeaban débilmente, la carrocería retorcida era un testimonio silencioso del impacto brutal que habíamos sufrido. —Busquemos algo de ropa, —dije con voz ronca, aun intentando recuperar el aliento y calmar mi corazón acelerado. Revolví el maletero y encontré algunas prenda

