Capítulo 1
En la sociedad del siglo XXI era muy mal visto que una dama fuera divorciada, por esa razón las damas de esa época trataban por todos los medios de que sus matrimonios perdurarán como decía el sacerdote, hasta que la muerte los separe.
Valeria York era una dama muy mencionada por la sociedad de Chicago, desde que se casó con uno de los hombres más ricos de la ciudad, fue siempre la envidia de muchas mujeres, de la época, pescar al señor Bernardo York, no era cualquier cosa. Sobre todo, porque ese hombre siempre estaba rodeado de mujeres muy bellas, tratando de enamorarlo, algunas ocupaban artimañas para hacer que ese hombre decidiera cotejarlas.
Pero Valeria York, no necesito ninguna, de hecho, ese día, solo fue a una reunión de una de sus amigas de té, en la cual el señor York estaría invitado, según dicen los cuchicheos que el flechazo fue instantáneo para él. Pero ella, a pesar de ser una de las hijas más acaudaladas de la ciudad, tenía un romance oculto con uno de los administradores de su padre, grave error para una señorita de su categoría.
Su relación inició muy atropellada, puesto que ella acudía a visitar a su padre, cuando la joven Valeria se atravesó con un sinfín de libros, los cuales Mario al no verla la entre llevó causando que, estos cayeron al piso, haciendo que la joven se dejara caer y Mario logra atraparla antes de que sucediera lo inevitable.
Su flechazo igual fue inevitable, puesto que los dos se enamoraron irremediablemente, pero tanto Valeria como Mario, sabían que el padre de Valeria jamás aceptaría que uno de sus empleados se case con su hija. Cuando Valeria, supo que el señor York había pedido cortejarla, simplemente no pudo con ese dolor, solo acudió a su amor secreto y este solo le pidió que huyeran juntos y así lo hicieron, no habían llegado a la siguiente ciudad, cuando su padre ya los había localizado.
El padre de Valeria tenía una gran deuda con el señor York y uno de los acuerdos para perdonar dicha deuda era que su hija se casara con él ¿Qué más podía pedir? El hombre era millonario y le daría una vida de reina a su hija, así que sin más aceptó. Cuando logró que su hija regresara, este se aseguró que jamás volviera a ver a Mario, ya que lo mandó a encarcelar en una ciudad lejana de Chicago. Pero con lo que no contaba es que ya Valeria había entregado su virginidad a Mario, la noche en que habían planeado fugarse, para ellos fue un acto de amor, pero para la familia de Valeria sería su perdición.
Cuando Valeria se casó obligada con el señor York, se hizo una gran fiesta, una donde por años se hablaría de ella, el mejor banquete, el mejor vestido, las mejores joyas y se pretendía llevarla hasta un viaje de luna de miel por todo el mundo. Pero en la noche de bodas cuando por fin estarían solos, las doncellas le ayudarían a Valeria a quitar su vestido, para dejarla lista para que su esposo disfrutara de su ahora esposa, pero al hacerlo fueron retirando las capas del vestido, dejando ver su abultado vientre, de más de cuatro meses de embarazo.
El señor York cuando entró a ver a su ahora esposa, lo notó de inmediato y fue tal su furia que en ese momento la sacó a la calle, donde la repudió enfrente de su familia y amigos que aún se habían quedado a la fiesta. Valeria sabía que eso pasaría, puesto a todos les había ocultado el hecho de que estaba embarazada, su familia estaba en shock cuando sucedió y solo le dieron la espalda, diciendo que ya no pertenecía a la familia de ellos.
Una de las jóvenes que presenció ese acto fue Janes Bennett, la cual se le quedó grabado el hecho de que para no ser repudiada debía ser una joven obediente y llegar virgen al altar, para no tener los problemas que enfrentó Valeria.
De inmediato la madre de Janes, arrastró a su hija de esa fiesta, donde los rumores corrían por todos lados, inclusive en el periódico, salió que el señor York había pedido el divorcio y que repudiaba el comportamiento de su ahora esposa. Que no la quería ver jamás, que solo era una pérdida, una ramera y demás palabras que usó para terminar de desprestigiarla, solo decidió que firmando el divorcio se iría de inmediato al extranjero olvidando esa amarga experiencia.
A los años, James acudió con su esposo el señor Bennett a una comida de la familia Ostroski que acaban de llegar de un viaje por Europa y querían que su círculo cercano los recibiera, los Bennett ya habían adoptado a las niñas, Catalina y Bianca que ahora los acompañaban a dicha comida. En la plática que tuvieron las señoras solo hacían menciones de algunos chismes y rumores de la ciudad, pero uno de ellos era ¿Qué fue de Valeria York? Como aún se le conocía.
―Ay querida, no sabes donde la vi te vas a ir de espaldas, está irreconocible la pobre, te acuerdas lo bonita que era, con esa cabellera negra azabache y sus enigmáticos ojos verdes. ―dijo la señora Ostroski solo sorbiendo su taza de café.
―La verdad después del escándalo no supe más de ella, no sé si tuvo a su hijo, la pobre fue repudiada y su familia le dio la espalda ―comento Janes, solo colocando la servilleta en su pierna para tomar su plato con un par de galletas que acompañaba su té.
―Bueno querida, sabes bien que pasamos por varios países, de los cuales visitamos a varias familias de las cuales aún tenemos amistad, solo que decidieron irse a invertir a otros lugares, pues bien, fuimos a visitar a Rouse Wonder, ya sabes la que estudió con nosotras en el convento. ―dijo, solo colocando su taza, en la mesita de té.
―Oh sí, me acuerdo de ella, que su esposo se la llevó para Estambul, que creía que era un buen lugar para hacer dinero ―comento Janes, haciendo lo mismo colocó su taza de té, para mirar de reojo a sus hijas, que jugaban con un par de muñecas con la hija de la señora Ostroski.
―Bien llegamos como siempre, a lo cual Rouse, nos atendió divina y se alegró por nuestra visita, pero cuando pasamos al salón bueno, pidió el servicio de té, ahí estaba la pobrecita de Valeria York, que ahora solo la llaman Vicky ya que Rouse, no tolera que la llamen por su nombre, sabes bien que siempre le tuvo envidia. ―comento solo mirando a su sirvienta para que trajera más galletas.
Bueno, resulta que una vez que tuvo al hijo, el esposo de Rouse que siempre suspiro por Valeria le hizo la propuesta de que trabajara para ellos, ella aceptó puesto que no le quedó de otra. Solo que con la condición de que dejara a su hijo en adopción, que él se encargaría de colocarlo con una buena familia y bueno, ella desesperada acepto, pero ya sabes cómo es la servidumbre que siempre habla de más, pues me quería enterar que pasó después con la pobre de Valeria. ―dijo, sirviendo más té, a su invitada que estaban escuchándola.
Pues una de ellas, con un regalo que le di, me contó que Valeria pensó que Wonder, solo estaba ayudándola de buena voluntad, pero resulta que sus intenciones eran otras jijijiji este, se la llevó puesto quería tenerla de amante. Pero solo ya sabes, la tenia de sirvienta para humillarla por su desprecio y pues la ve cuando Rouse pues esta indispuesta, claro a espaldas de ella.
Las mujeres siguieron platicando de las desgracias de la pobre mujer, pero para Janes se le quedó muy clavado en la cabeza, que tanto ella como sus hijas jamás deberían tener en su vocabulario la palabra divorcio.
Años después en una cena donde fueron invitadas, Janes con sus hijas en casa de los Wonder en donde una Valeria seguía dando su servicio ahora como ama de llaves, después de varios años la señora Rouse había fallecido y era el motivo que el señor Wonder había regresado de Estambul. Valeria pensó que esta vez Wonder le daría su lugar como esposa, pero no fue así, de hecho, esa cena fue para comprometerse con una de las hijas, de los Cáceres mucho pero mucho más joven que Valeria. Con eso terminaba por dar por hecho que a Valeria de sirvienta no iba a pasar y que terminaría sus años, como una simple ama de llaves, que lo más que aspiro fue a ser la amante de su patrón.
Janes, al verla hasta se espantó de verla tan acabada y marchita, cuando en sus tiempos era una de las jóvenes más hermosas de la ciudad y una de las más asediadas, pero ahora solo era parte de la servidumbre.
Janes en la fiesta solo se desapareció y fue hasta donde estaba la servidumbre, quería saludarla no para reírse ni nada, simplemente quería saber si estaba bien.
―Buenas noches, espero no quitarte tu tiempo ―dijo Janes, solo acercándose a Valeria haciéndose la que necesitaba una copa.
―No, se preocupe señora Bennett si necesita algo no tiene más que pedirlo ―dijo Valeria muy servicial.
―La verdad solo quería saludarte y decirte que siento mucho lo que te paso ―comento Janes, con un poco de pena porque ella no pudo hacer nada por ella, ya que al hacerlo se estaría colocando en la misma posición de Valeria y eso en la sociedad no se lo podía permitir.
―Sí, estoy bien señora Bennett ―dijo, solo dejando escapar una lágrima por su mejilla.
―No vengo a burlarme, si es lo que piensas de verdad que el verte solo me dio un poco de pena, sé que te destruyeron la vida, pero aun no entiendo como si Wonder te amo en su momento, no te dio tu lugar ahora. ―comento solo recibiendo un vaso con agua.
―El señor Wonder, no tenía por qué darme el lugar de nadie, él solo es mi patrón ―dijo, solo comenzando a recoger unas copas.
―Bueno te lo digo, porque tú sabes, la servidumbre habla y pues sé que eras bueno…
―Dígalo señora Bennett, su amante que no le dé pena y si eso era, hasta ahora que ya va a tener juguete nuevo, puesto que eso somos las mujeres para los hombres de su “clase” solo juguetes, que utilizan y después desechan. ―contesto con amargura.
Lo único que le puedo aconsejar es que eduque a sus hijas, para que se casen y lo hagan bien, que cuando hagan el juramento ante el altar, lo hagan hasta que la muerte los separe, puesto que, si no lo hacen, pueden terminar como yo. Que nunca, aunque las arrastren por toda la ciudad lleguen a solicitar el divorcio porque lo único que van a conseguir es que las repudien y la sociedad, solo las ensucien al grado de no tener opción más que terminar como una sirvienta.
Janes al escucharla, solo tragaba grueso, en esa época apenas sus hijas iniciaron como debutantes en los bailes, para después un caballero las eligiera para ser cortejadas.
―Bueno señora Bennette la dejo, debo llevar todo esto a la cocina para dejar todo limpio y guiar a los empleados para que hagan lo que deben, la dejo me dio gusto saludarla. ―dijo despidiéndose de ella, para tomar la charola e irse.
Janes Bennett, solo regresó a la fiesta como tal ubicando a sus hijas, que en ese momento en su cabeza había tomado la firme decisión, que una cosa debía hacer y eso era casar a su hija, con un buen prospecto. Sus hijas no debían de pasar por una vida como la de Valeria, eso jamás y desde ahora les inculcaría que pasara lo que pasará, jamás así las mataran ellas debían morir con el apellido de su esposo.
Al siguiente día tuve una charla con ellas, sobre esa situación…
―Niñas yo sé que ustedes aún son pequeñas, pero dentro de unos años se verán casadas, con algún hombre que nosotros debamos aprobar, sobre todo que debe ser un hombre de nuestra sociedad. Y cuando eso suceda, ustedes deberán permanecer casadas hasta el día de su muerte, por ningún motivo deberán pronunciar la palabra divorcio, ya que nuestra sociedad está muy mal visto a una mujer divorciada.
―¿Por qué mamá?, ¿Por qué es tan malo ser divorciada? ―pregunto Catalina, muy entretenida escuchando a su madre.
―Bueno porque sería la ruina ante la sociedad, terminarían repudiadas y no solo eso, se acabaría todo, así como la familia, se imaginan que ya nadie quiera invitarlas a sus fiestas, tertulias o bailes, porque eso es lo que pasaría. ―dijo, bebiendo su té para los nervios.
―¡Qué horror, madre! ―exclamo Bianca, solo llevando sus manos a su rostro―. Jamás pasaría por algo así, si me llego a casar quiero que sea para siempre.
―Así es mi niña, ustedes cuando se casen deben hacerlo con la mentalidad que la familia Bennett, no acepta los divorcios, una vez que salgan por esa puerta con sus respectivos esposos, será para siempre. ―dijo terminando de beber su té, que más que nada era para olvidar la charla que había tenido un día anterior, que fue lo que la puso nerviosa.
Catalina que era la que siempre era un poco más rebelde, solo escucho a su madre, sin poner tanta atención a lo que su madre le decía, sabía bien que su padre jamás le daría la espalda, si algo estaba segura era del cariño que el señor Bennett sentía por ella.
Continuará…