—Ana, anoche… Sus dedos resbalan de mi mejilla y es cuando su celular llamá la atención. —Deberías contestar, quizás sea del trabajo —comenté, poniéndome de pie para ir a la cocina—. Voy por un jugo, también me ha dado sed. Me retiro, dejando a Belial concentrado en su llamada. No mentí al decir que me siento sedienta, parece mentira, pero incluso mi cara está caliente, como si hubiera corrido una larga maratón. —De acuerdo, esto no es normal —dije al tocar mi frente—. Lo más probable es que se trate de una fiebre. No quiero enfermarme a estás alturas, ya tengo suficiente con esta herida en mi cabeza. Después de beber el jugo, regreso a la sala; donde Belial está terminando su llamada y baja la cabeza, al mismo tiempo que se lleva las manos a su cabello. Conozco esa expresión, sé q

