CAPITULO XV: EL PEQUEÑO CACHORRO ACORRALADO

1244 Palabras
—Hijo, estoy esperando a que le respondas a tu viejo gruñón. Arthur no levantó la voz, pero su calma era más intimidante que cualquier grito. El vapor de la taza de café humeante formaba una neblina tenue entre ellos. Arthur estaba vestido con un pantalón de chándal y una camiseta negra. Patrick, que tenía diez años, pero en ese momento sentía el peso de un adulto, tragó saliva. Levantó la mirada hacia su padre. —No eres viejo, Pa. Patrick sonrió con un esfuerzo visible. Te digo así de cariño. Arthur sonrió, el gesto al fin suavizó la rigidez de su rostro. Dejó el café en la encimera y atrajo a su pequeño cachorro hacia él, envolviéndolo en un abrazo firme. —Ven aquí. Susurró Arthur en el pelo de su hijo. Sabes que puedes contarme todo, Patrick. Pero primero, tienes que decirme dónde está Chloé. Ahora mismo. Patrick se liberó del abrazo, tomando aire. Sabía que esta era la única forma de conseguir ayuda sin meter a Chloé en problemas peores. Necesitaba la verdad para protegerla. —Está escondida en el establo, arriba, en el pajar —confesó Patrick en un murmullo rápido—. No dejes que se la lleven, Pa. Por favor. Te juro que ella solo quería saber la verdad. Yo la ayudé, pero ella solo quería saber la verdad. Arthur lo sostuvo por los hombros, la calma de cazador había dado paso a la seriedad de padre. —¿Qué verdad, Patrick? Explícame despacio y con detalle. Patrick comenzó a relatar la noche anterior. Habló de la pelea en casa de Jandey. —Cuando yo estaba durmiendo, ella me envió un w******p pidiéndole ayuda. La voz de Patrick temblaba. Había discutido con sus padres porque lo del orfanato era mentira. Arthur escuchaba en silencio, su ceño fruncido. —Fuimos a la clínica, Pa. A escondidas. Patrick tragó saliva. Y encontramos un nombre... ¡Chloé es hija biológica de Jandey! Pero su mamá gestante es Malaika Matamba, que es la hermana de Jandey. ¡Ella es su tía! Arthur se quedó paralizado. La noticia de la subrogación y el parentesco lo golpearon con la fuerza de un puñetazo. —¿Cómo... cómo demonios entraron a esa clínica? —preguntó Arthur, con voz áspera. Patrick siguió confesando, hablando con una soltura que no parecía propia de un niño de diez años. —Habíamos estado buscando. Encontramos en Google dos clínicas de fertilización en Londres que trabajan con subrogación. Patrick tomó un respiro. Llegamos a la clínica y nos hicimos pasar por estudiantes de otra escuela que estábamos investigando sobre la fertilización. Así entramos y confrontamos a la jefa de maternidad. Patrick llegó al clímax de su relato. —Se enojó mucho, Pa. ¡Y se puso toda roja! Era la jefa de maternidad, Melina... Melinton. Arthur se ahogó con el café que intentaba beber en ese momento. Tosió violentamente, el líquido caliente salpicando la encimera. Patrick se rió, a pesar de la tensión. —¡Pá, no te ahogues! —exclamó Patrick, dándole palmaditas en la espalda. —¡Solo le dije a Melina que ya somos seis hermanos y que mis padres, tú y mamá, están muy bien y muy felices juntos! Arthur recuperó el aliento. Miró a su hijo con una mezcla de orgullo, terror y asombro. Su pequeño cachorro estaba creciendo y aún recordaba Patrick la infidelidad de Melina. —Patrick. Arthur se agachó y tomó la cara de su hijo entre sus manos. Estoy... estoy muy orgulloso de ti por ser un hombrecito de honor y proteger a tu amiga, aunque las formas no fueron las correctas. Y gracias por defendernos, por decir que somos seis. Arthur lo felicitó con un beso en la frente. En ese instante, Katrina ingresó a la cocina. Estaba en camisón, con Génesis en brazos y Eros de la manito, quienes se frotaban los ojos. —¡Arthur, por Dios! ¿Dónde está Chloé ahora? ¿Qué hicieron anoche? ¿Y tú, Patrick? Katrina se acercó a su hijo, agarrándolo por los hombros con urgencia. ¡¿Por qué hiciste esto?! ¡Sabes el problema que va a haber en casa de Jandey por la huida de Chloé! —Cálmate, mon cœur. Arthur le sonrió a su esposa, tratando de tranquilizarla sin éxito. —Es una larga historia que te contaré después. Nuestro cachorro solo fue un héroe. Encontró a Chloé y la trajo aquí para protegerla. No le va a pasar nada. ¡Y tú tienes que volver a dormir, cariño! Katrina abrazó a Patrick. —Lo sabía, mi amor. Sabía que tú no retarías a tu cachorro, como él le decía a Patrick. ¿Pero dónde está mi ahijada? —Patrick la escondió en el establo. Ve por ella, campeón. Arthur le dio un pequeño empujón en la espalda a su hijo. Que venga a desayunar con nosotros. Dile que todo está bien, que no la vamos a entregar. Dile a Chloé que hablemos de Malaika. Que yo me encargaré de que Jandey sepa la verdad. Patrick corrió con alivio. Abrió la puerta lateral y atravesó el patio hasta el establo. Subió rápidamente la escalera de madera hacia el pajar. —¡Chlo! ¡Ya puedes salir! ¡Mi papá sabe todo y está de nuestro lado! —gritó Patrick. Pero Chloé no estaba. El camastro estaba deshecho y el cobertor grueso tirado en el suelo. Patrick, alarmado, buscó en el pajar, debajo del heno, en todos los rincones. La canasta de comida que le había preparado estaba intacta. ¡Chloé no estaba! Patrick sacó su celular y la llamó. El teléfono de Chloé sonó mudo. En su lugar, sobre la sábana desordenada, Patrick encontró una nota doblada con letra infantil: ''Perdón, pero no quiero meterte en más problemas... Debo buscar a Malaika.... Te quiero, Chlo." Patrick corrió hasta la cocina, con el papel arrugado en la mano, sus ojos llenos de lágrimas. —¡Papá! ¡Mamá! ¡Chloé no está! ¡Se fue! —gritó Patrick, rompiendo a llorar. Arthur, al ver el pánico de su hijo y escuchar la noticia, se puso pálido. Inmediatamente sacó su teléfono y llamó a Jandey. —Jandey, soy Arthur. Escúchame. Arthur respiró hondo, su voz sonaba forzada. —Se ha escapado, Jandey. Se fue hace poco de aquí. Parece que se dirige a buscar a alguien que ella llama Malaika, y Patrick me contó que habían estado investigando una clínica anoche. Te lo explico luego. Lo importante ahora es actuar rápido. Traten de buscar por los lugares aledaños a la ciudad que los niños visitaron. Nosotros saldremos ahora mismo a revisar los alrededores de la Hacienda, y luego iremos al centro. ¿Están cerca de la ciudad? Jandey, histérico al otro lado de la línea, solo alcanzó a decir: — ¡Malaika! ¡Es una historia muy larga, Arthur! Pero ahora Lo importante es buscar a mi hija. ¡Dios mío! Arthur colgó. Su rostro reflejaba desesperación. Se puso una chaqueta sobre la camiseta negra. —Katrina, llama a la seguridad. Que revisen las cámaras de la entrada. Arthur tomó las llaves de la camioneta. —Patrick, ven conmigo. Tú eres el único que sabe los lugares que ella podría buscar. Vamos a revisar los alrededores de la Hacienda. Patrick, sin dejar de llorar, asintió. Arthur y Patrick salieron corriendo de la casa. El pequeño cachorro acorralado ahora se lamentaba de su fracaso, pero estaba decidido a encontrar a Chloé.
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