Después de haber pasado por aquel alboroto en la sala, Siena no entiende cómo llegaron a pensar que está embarazada. —Bien, debes comer. El doctor dijo que tenías un poco de anemia, además de la diabetes... ¿Supongo que no lo sabías? — Asher está sentado cerca de ella, destapando la sopa de verduras que le han acercado del hospital. Pero ella no cederá ante las locuras de aquel sujeto que, de manera demencial, se está apoderando de ella y su entorno. «¡Es un idiota!... Otra explicación no la tengo», piensa ella mientras lo observa atentamente cuando Asher sigue hablando. —¡No tengo hambre! — refuta de manera seca. Por un momento, Asher deja de hacer lo que estaba haciendo con la cuchara y la sopa de verduras. —¡Debes comer, y no es una sugerencia! — Alega Asher mientras lleva un po

