Capítulo treinta y dos —¿Mamá? ¿Papá? Quedó petrificado en mi sitio y suelto a Verónica inmediatamente viendo a la pequeña niña de cabello castaño y ojos verdes correr hacia mí. —¡Papá! —chilla sonriente y se apega de una de mis piernas con fuerza sobrehumana al mismo tiempo que alza sus manitas para que la cargue, pero simple y sencillamente no sé cómo reaccionar a algo así. Estoy en shock. Jamás creí que al verla se pareciese tanto a mí, ni siquiera vine mentalmente preparado para encontrarme con una escena así. Verónica se levanta del suelo sobando su cuello marcado por mis manos y agarra a la niña apartándola de mi lado. —¿Te comió la lengua el ratón o qué? —dice y le lanzó una mirada filosa volviendo a mi posición original y retomando la vista en la niña de dos años —te present

