Capítulo cuarenta No dejo de pensar en esos ojos. Maldición, ¿por qué de todos los lugares tuvo que venir aquí? Simplemente no es justo. —¿Qué pasa? Te noto extraña desde que fuimos a ver quién era nuestro nuevo cliente —Azael toca mi frente —¿Acaso no te sientes bien? ¿Era por eso que querías descansar? Niego y observo las estrellas estando fuera de nuestra cabaña, él coloca una manta por encima de mis hombros descubiertos y toma asiento justo a un lado de mí en el columpio de madera, posa una de sus manos sobre mi pierna izquierda llamando mi atención y sube su mano libre a mis mejillas. » —No has dicho ni una sola palabra desde que entramos a la oficina y aceptamos el trabajo, ¿en serio que te sientes bien? Me preocupa que no sea así. —Ya te dije que estoy bien, es solo que... —ha

