Narra Hernán. Desde que regresé a la ciudad, estuve esperando este día y ya había llegado. No me genera ningún tipo de nervios la visita de la supervisora, sino más bien una molestia incesante por esta prueba que no puedo eludir por el bienestar de las niñas. El problema en todo esto, es si Hillary va a acceder siquiera a asistir. Al regresar del aniversario de mi tío, llegamos a casa y ella parecía calmada. Renata, quien se quedó en casa, piensa que la mejor forma de lograr una tregua con mi esposa es dejando de comportarme como un dictador, cosa que ni siquiera supe qué estaba haciendo. —¡Papi! —Señor. Solange y Ava aparecen en la puerta de mi habitación, la primera con una sonrisa iluminadora y la segunda con su habitual gesto de formalidad. —Buenos días, mi amor. Solange no me d

