Amelia Montserrat. Gimo y lloro por el dolor, Callum está pálido, las pecas rechinan con la palidez de la piel y parece a punto de volverse a desmayar. Entierro las uñas en su pierna, causándole dolor, esperando que al sentir algo más fuerte que el pánico no se desmaye, él se queja, pero el tono de piel no mejora. Allen presiona el p**o una u otra vez, abriéndose paso en la apretada calle de Londres. Todos estamos a unos metros de enloquecer, no importa cuántas veces repita los ejercicios de respiración y Callum me imite llevando un ritmo, no sirve de nada. El carro deportivo se detiene abruptamente delante de un hospital, justamente el hospital donde trabaja Bastián Dixon, el cirujano pediátrico que nos está atendiendo desde hace meses. Callum anuncia en voz alta que todo está bien y na
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