Helena Lacroix De pronto, el ambiente se tornó un poco tosco y subió de nivel en cuando a exigencia. Entro al cuarto una rubia de cabello crespos y un vestido elegante. —Tú debes ser mi hermosísima prima — se acercó a mí con un cambio de actitud muy adecuado — Yo seré tu doctora para llevar el control maternal de mi queridísimo primo segundo. Estaré completamente a tu disposición — me susurró al oído — tú hombre tiene debilidades que estoy dispuesta a negociarte. Francis parecía una mujer de mi edad, muy joven de hecho. Hablaba de manera elocuente y tenía ese sentido del humor bizarro que también poseía mi hermana. Así que posiblemente fuese mayor que yo. De algo estaba segura era que sabía conservarse como debía. — Como acabo de llegar, decidí postergar la cita para para las dos de l

