Helena Lacroix Entré a la cabaña llena de rabia y decepción. Más decepción que rabia. Me molestaba que todo debía estar sujeto a algo más, nunca era transparente conmigo, siempre había un plan de por medio. Me sentía desecha, alejada de todo. Alejada de él. No confiaba en mí, aunque yo sí de él. Sí, parece absurdo que yo me fíe de un hombre que me persiguió por tantos años y elaboró un plan para secuestrarme. Es lo más absurdo y psicópata que había escuchado. Pero estaba dispuesta a dejar eso atrás, Me gustaba sus momentos cuando era completamente sincero, ¿o es que eso también era mentira? Escuché que la puerta se abría. —¡Déjame sola! — pedí creyendo que era él o Romina. —¿Hola? — escuché una voz femenina, pero muy diferente a la de su asistente. Esta era más suave y un tanto infan

