Samael Di Mateo —… por eso creo que debemos optar por cubrir sólo lo necesario. —¿Crees? — pregunté yo mirándolo fijamente —. No te puse donde te puse para que creas, sino para que estés completamente seguro. Cuando fue a responder, levanté mi mano con una señal para hiciera silencio, no quería que las eventualidades nublaran mi mente. Había olido su perfume, todavía lo sentida en la comisura de mis labios, justo debajo de mi nariz. Su aroma estuvo a centímetros de mí. Ella, de hecho, iba a ser todo lo que yo quería. Cuando me levanté de la silla, maldije a mi suerte, pero tenía negocios que atender y no podía dejarme seducir por la idea de tener cerca la razón por la que mi corazón late. —Ya todo está preparado, Señor — me susurró uno de mis empleados — Todos ya están en sus posicion

