Helena Lacroix El alba llegó a mis ojos con furia. Mi rostro se iluminó por el amarillo del sol y mis brazos se despertaron con una gran sorpresa; junto a mí se encontraba Mario abrazándome con mucha dedicación y cuidado. Al principio me enterneció la escena, pero pronto caí en cuenta de lo que estaba realmente pasando. Me despegué de él con rapidez. Esto ocasionó que se despertara con mucha flojera. —Buen día — comentó mientras se estiraba — ¿Te sientes mejor? Pero no le respondí, mi cabeza quería explotar, aunque nada tenía que ver con mi estado físico, sino por mis pensamientos arraigados. Había permitido bajar mi guardia con Mario, no era algo positivo, todo lo contrario de hecho. No necesitabas más drama implicado en mi vida. Lo cierto es que él y yo nunca habíamos tenido un

