Helena Lacroix —¡Bienvenidos a la Isla madre! — nos recibió un empleado vestido de camisa y bermuda blanco con una pañoleta de flores en el cuello —. Espero que disfruten nuestras instalaciones y este sea apropiada para un grupo de chicas preciosas y este enorme espécimen varonil — se acercó a Ru y le tocó el hombro. El gorila lo fulminó con la mirada sin decir ni na palabra y este lo soltó tan rápido como un rayo — ¿tienen alguna reservación? — preguntó con una sonrisa bastante falsa. —Buenas tardes, señor… — Romina lo inspeccionó de arriba abajo esperando ver indicios de su nombre. —Fuenmayor — respondió él con rapidez. —Señor Fuenmayor — volvió a decir Romina — Nosotros venimos de la isla niña. Sólo estaremos aquí varias horas nada más. Es lo único que necesita saber, supongo. —

