Fernanda abrió los ojos con pesadez, no quería despertar, quería más tiempo en la cama, pero su padre insistía en que debía abrir los ojos, así que lo hizo y lo miró mal por una fracción de segundo antes de poner los entreabiertos ojos en la otra persona en su habitación; entonces los ojos de la chica se abrieron enormes, y sus fosas nasales se contrajeron, dificultándole respirar. Fernanda presionó sus temblorosos labios uno contra otro, y tragó el grueso de saliva que se anudó en su garganta para, de todas formas, no poder decir nada. —Lo lamento —se disculpó Alexander, provocando a la chica llorar. Ella era toda hormonas, de por sí, y ver a ese joven, que no esperaba ver pronto, la descolocó bastante; además, él se estaba disculpando. ¿Por qué lo hacía? ¿Por haberla dejado a su su

