—Rose, venga. Levántate —una voz lejana atraviesa el denso manto de mis sueños. Suelto un gemido de protesta y entierro mi cara en la almohada. —Rose, despierta —la voz no se da porvencida y, esta vez, viene acompañada de una sacudida en mi hombro. —No quiero —me quejo. —Tienes que levantarte. Ya es tarde —insiste. Me dejo llevar por el sueño unos segundos más, hasta que recuerdo la cita que tengo con un sexy chico peliblanco. —¿Qué hora es? —me siento en la cama rápidamente. La cara de Kate se vuelve divertida. —Son casi las 9:00 —se ríe. —Vamos a llegar tarde a la universidad. Niego con la cabeza, pero me levanto para dirigirme al baño. —No voy a la escuela —le informo. Ella parece confundida. —¿Por qué no? —pregunta. —Tengo que hacer algo importante. —Bueno, yo si voy. Nos

