—¿A dónde vas, pequeña? —Pregunta una voz masculina a mis espaldas. Me giro lentamente aparentando nerviosismo con una pizca de miedo. —Yo...m...me dirijo a casa —tartamudeo. Observo al rubio de ojos verdes que me mira a unos metros de mí, su ropa de cuero marcando su muy trabajado cuerpo. Ahora que lo veo más de cerca puedo notar mejor sus rasgos. Sus carnosos labios yacen entreabiertos sensualmente. Tiene pestañas largas y oscuras que hacen ver sus ojos un tanto más brillantes. Su mandíbula es fuerte y marcada, muy masculina. Su cabello rubio cae en mechones desordenados con la intención de hacer fantasear a cualquier mujer con enredar sus dedos en él. Es tan hermoso, digno de un ángel caído. Dejo que un rizo rojo resbale por mi hombro hasta caer junto a mis senos, ahora más pequ

