Su corazón latía más rápido conforme iban apareciendo; después llegaba otro. Incluso desde ahí, los carruajes dorados brillaban en los soles, como peces plateados saltando del agua. Cuando contó doce de ellos, no podía esperar más. Su corazón latía con fuerza en su pecho, olvidando a su rebaño por primera vez en su vida, Thor giró y bajó tropezando por la colina, decidido a no detenerse por nada, hasta darse a conocer. * Thor apenas hizo una pausa para recuperar el aliento, mientras bajaba corriendo las colinas, a través de los árboles, arañado por las ramas, sin darle importancia. Llegó a un claro y vio su aldea extendiéndose abajo: una ciudad rural dormida, con casas de un piso, de arcilla blanca, y techos de paja. Solamente había varias docenas de familias. El humo de las chimenea

