Eva. Abro los ojos con cuidado, la luz me ciega de pronto y el dolor de cabeza se abre paso en ella. Gruño, miro a los lados y no hay nadie más que yo dentro, por el color de la habitación, la máquina sonando y el dolor en mi cuerpo, imagino que estoy en un hospital. Resoplo. Al final logró lo que quería, hacerme daño. Espero que mamá esté bien, debo denunciar esto al apenas llegar la policía para tomar mi declaración. Y como si les hubiera llamado con la mente un uniformado entra con mi madre a un lado. Frunzo el ceño, porque me parece raro el aspecto de ella, se ve un poco más... ¿Vieja? No recuerdo que tuviera el cabello de ese color, ni tampoco que hablara tan lento y pausado. —¡Ev! Cariño, estás despierta. —Bufo, el oído lo tengo sensible así que su chillido me ha causado una mol

