Eva. —¡Mamá! —Chillo al apenas poner un pie dentro de la casa, mi progenitora se sobresalta y deja caer la bandeja con galletas al suelo. Respira profundo, una, dos, tres... —¡Estás loca, Eva! —Grita mordiendo con fuerza su mano. Ella y sus horribles ataques de irá, se va calmando poco a poco hasta que vuelve a estar en paz para mirarme a la cara con una ceja alzada, —Empieza por recoger todo esto y luego me dices, que es lo que te tiene tan contenta. Hago lo que dijo de inmediato, más que todo por la culpa de haber arruinado la tranquila con mi presencia al llegar. Victor baja por las escaleras y me ve, luego a mamá y entonces frunce el ceño molesto. —Ya te ayudo Eva. —Baja con rapidez y cuando se trata de agachar niego, no quiero su ayuda, estoy bien, siempre lo he estado. Coloco

