—Me alegro de verte caminar—, hablé. Volvió sus duros ojos grises hacia mí y me miró de pies a cabeza, con el ceño fruncido. —Gracias.— No estaba mintiendo. Me alegré de que estuviera bien. Les habían tendido una emboscada porque los lobos ocultaban sus olores. Había estado en el hospital desde el ataque. Por lo que me dijeron, tres machos se abalanzaron sobre él y lo derribaron. La doctora Kate había dicho que estaba envenenado. A él también lo golpearon bastante ; Le habían roto y magullado mucho. Luchó bien; Fue una lástima que fueran más ingeniosos. Derribar mi Gamma fue impresionante. —¿Cuándo saliste?— Yo pregunté. —En este momento.— Suspiró, apoyando una muñeca rota y envuelta en su regazo. —Lo que me dieron me ha costado la curación del lobo—. Casi sonreí ante su mueca. Encont

