Pero en mi confusión, asentí. —Bueno.— Suspiró aliviado antes de que sus labios presionaran suavemente los míos. Mis ojos se cerraron ante el placer de sus labios sobre los míos. Me puso los pelos de punta, mi estómago se volvió papilla y mis piernas se convirtieron en gelatina. Su agarre sobre mí fue fuerte y suspiré ante su toque. Demasiado pronto se apartó, sin prolongar más el beso. Retiró su mano y me sonrió, moviéndola para sujetar el estuche que tenía en mi mano. —Vamos. Hace frío.— Él sonrió y tomó mi cuaderno de bocetos. Asentí en silencio mientras él tomaba mi mano y me llevaba colina abajo, con la otra mano sosteniendo mis cosas. Caminamos entre los árboles en silencio hasta pasar el campo de entrenamiento. —Por cierto, lo hiciste muy bien durante las peleas. Celimene es im

