Phoenix continuó hasta la oficina de Alpha. Estaba tan cansada que ya no quería lidiar con nada más. Mis ojos estaban llenos de lágrimas y sentía la boca seca. Yo estaba agotado. Me dolía el cuerpo, me dolía el corazón y mi cerebro estaba frito. Mi lobo, mi pareja, mi habitación... todo demasiado.
Sin siquiera hablar, hizo a un lado a los guardias. De alguna manera me sostuvo en un brazo y abrió la puerta con el otro. Me sentí como un niño. Probablemente también parecía uno, con mi puchero y mis brazos cruzados.
—Alfa Steven, Damien—, anunció Phoenix, la puerta se cerró ruidosamente detrás de nosotros.
—¡Kilua! ¡Oh Dios, me alegro de que estés bien! ¿Qué diablos estabas-—
El gruñido de Phoenix interrumpió a Damien.
Todavía me tenía en sus brazos y me sentí estúpida allí tirada. Sintiendo mi malestar, me colocó suavemente en una cómoda silla y me envolvió con una manta que colgaba del brazo. La calidez y el reconfortante hormigueo que sentí se desvanecieron tan pronto como me soltó y el cansancio me golpeó con toda su fuerza. Si tan solo pudiera tomar una siesta, ahora mismo...
Sentí que mis ojos se cerraban y agradecí la dicha. Envuelto en la manta era un lugar ideal para sucumbir al sueño...
—La llevaré conmigo—. Él afirmó.
¡Él qué!
—¡Qué-!— Damien farfulló.
—Ella no está segura en esta manada—. Él chasqueó.
—¿Qué quieres decir con 'no es seguro'? ¿Por qué he criado a Kilua-—
—Cállate viejo.— Él chasqueó.
El mundo se volvió borroso a mi alrededor, pero las palabras de Phoenix me hicieron despertar con un gruñido. Su mirada oscura se volvió hacia mí y frunció el ceño. Ese era mi Alfa a quien le estaba faltando el respeto, un hombre que cuidaba de mí. Quien me rescató.
—No le debes nada a esta manada, Kilua—, me habló Phoenix antes de volverse hacia los dos Alfas, principalmente Steven. —¿Sabías que estaba cubierta de cicatrices y moretones cuando volvió a moverse? ¿Has visto su cara hoy? ¿Su falta de peso?—
Miré para ver a Steven sentado, con la boca en una línea firme y claridad de expresión. Casi parecía culpable.
—La única razón por la que vine a tu manada es que mi Beta llegó a casa preocupado por tu manada. Secretos...— Gruñó. —Y esta mañana, cuando la conocí por primera vez, no podía entender por qué no lo olí. Por qué no olía pura... Por qué no estaba reclamada pero olía a hombre...—
—Ahora que veo sus heridas, me doy cuenta de que tuvo una infusión de sangre para sanar, por eso me tomó un momento. Esto significa que sabías que estaba herida, y también significa que no has hecho nada al respecto ya que ella continúa herida—. . Entonces debes haberlo sabido desde hace un tiempo, Steven, ya que tu reacción en este momento está demostrando mi punto y, sin embargo, ella continúa siendo acosada, ¿no?
Se volvió hacia mí, pero mantuve la mirada baja. —¿Y ahora regresamos del bosque a su habitación y sus posesiones destruidas, y ella ni siquiera actúa como si fuera una sorpresa?—
Cerré los ojos derrotada, tratando de contener las emociones. Realmente me vendría bien con mis padres ahora mismo.
—Entonces, les informo, y con suma importancia, que ella regresará a mi casa para estar conmigo, como su Alfa—. Terminó cruzándose de brazos.
Levanté la vista ante el tono de su voz, mi corazón se calentó ante su actitud protectora. Fue lo máximo que habló en su vida. Era tranquilo, silencioso y difícil de leer, pero simplemente me defendió. ¡Para mí! Y apenas me conoce desde hace unas horas. Nadie ha hecho eso nunca. Ni siquiera Steven.
—Ella es-— comenzó Steven con exasperación.
—Espero sus papeles en dos horas—. Él chasqueó.
—Pero eso no es suficiente-—
—Es una hora—.
Ambos Alfa se inclinaron en sumisión a las palabras de Phoenix, por lo que debe haber usado su tono Alfa. No lo sentí y simplemente asumí que tenía que ver con el cansancio.
Sin decir una palabra más, me levantaron de nuevo y me alejaron de mi Alfa.
***
—Empaca tus pertenencias necesarias. Te proporcionaré ropa y artículos de tocador cuando llegues a mi mochila—. —anunció Phoenix.
Mis ojos recorrieron mi pequeña habitación. —Bueno.—
—Regresaré en una hora. Tengo que organizarme a mí y a los miembros de mi manada. Dile adiós—.
A través de mi mente adormecida, lo que dijo me hizo sonar. —adiós...—
Pero él ya se había ido.
Tuve que irme; Tuve que irme... ¿con él? ¿Mi compañero?
— Todo estará bien—. Mi lobo arrulló. —Él cuidará de ti—.
Pero mis padres...
Me levanté de mi cama y empaqué lo que pude guardar en términos de recuerdos. Así que mis dibujos salvables, incluida mi pieza favorita , los hice del lobo n***o y las cabezas de los lápices que se partieron por la mitad. También tomé la foto de mis padres en mi mesa de noche. No tenía una bolsa de lona, así que los coloqué en una pequeña bolsa de plástico.
Mirándolo ahora, era bastante patético lo poco que poseía. La vida como Omega nunca se permitió muchos lujos. Pero ahora tenía compañero, y como es costumbre, tuve que irme con él a su manada. Steven podría haber protestado ya que las hembras eran más raras en las manadas, pero al ser Phoenix un Alfa del Rey significaba que tenía la última palabra sobre adónde iban las hembras. Quiero decir, la única razón por la que Katie, Julie y yo fuimos hospitalarios fue para mostrar el hecho de que tenían hembras en la manada. No es que fuera algo digno de mirar.
Antes de ir a ver a mis padres, recordé que actualmente solo llevaba una camiseta al azar. Entré al baño, me lavé las manos y la cara antes de ponerme la sudadera con capucha y unos pantalones deportivos de ayer.
Mientras caminaba por el pasillo, las lágrimas amenazaban con derramarse de nuevo. No tuve la oportunidad de abrir la puerta antes de que se abriera y papá me abrazara.
—Estábamos muy preocupados—. Gritó. —Alpha dijo que te cambiaste al azar y nos ordenaste que nos quedáramos en nuestra habitación—.
—Estoy bien —. Hipé.
—¿Qué pasó?— Mamá preguntó a mi lado.
Al notar mis lágrimas, me llevó adentro para sentarme en la cama una vez más. Me acurruqué contra ella y lloré.
—Ember... necesitas decirnos qué está pasando. No podemos ayudarte si no hablas—. La mano de papá me apartó el pelo revuelto de la cara. —Además, necesitas ducharte, apestas a agua de lago—.
Me reí levemente y me senté en posición vertical. —Gracias.—
—Entonces...—
— Así que cambié.— Me encogí de hombros. —Fue h-horrible —.
—Cariño, si hubiéramos sabido que estabas mostrando señales...—
—Lo sé, mamá, está bien. Fue en el campo de entrenamiento, tenía gente alrededor—.
—Me pregunto qué te hizo cambiar tan repentinamente...— La mirada de papá se perdió en sus pensamientos.
—Bueno, normalmente cambias si...— Mamá se quedó helada. —Kilua, ¿tú...—
Sabía lo que estaba insinuando, así que asentí con un sí.
Ella gritó de emoción. —¡Encontraste a tu pareja!—