Miro el calendario en el celular y suspiro, porque según lo que sé, por lo que me han dicho, solo faltan trece días para que tenga que caminar al altar, con o sin amnesia, y decidir además, si daré el sí o el no al hombre que me acompañaría. Una gran presión para una persona que no tiene idea de nada de la última década de su vida. Han pasado algunos días más y aún no hay nada en mi mente, está vacía, y no importa cuánto tiempo pase con Massimo, nada surge, lo cual es deprimente. Mi hermano me trajo a la tienda de novias donde se supone que está mi vestido por pedido mío y, aunque no entendió para qué, no dijo nada y aceptó, trayéndome en auto hasta aquí para ver la prenda que están confeccionando para "mi gran día". Quizás él no comprenda, pero éste es otro intento casi desesperado

